domingo, 7 de julio de 2013

“La evaluación educativa tiene sentido…solo si permite el desarrollo de las escuelas y de sus principales actores.” (Hopkins, 1989)


Introducción.
Se hacen notar dos características muy bien definidas en la educación media superior (EMS), la primera se refiere a los alumnos, en lo general se trata de personas en plena adolescencia, quizás la más bella etapa en la vida del ser humano, donde se sueña despierto, donde se viven con increíble intensidad las emociones pero también, donde los cambios biológicos y psicológicos que la  caracterizan  no solamente abruman,  además perturban y desconciertan los principales procesos cognitivos, Horrocks (2001) describe al adolescente como “una persona emocional, sumamente voluble y egocéntrica, que tiene poco contacto con la realidad y es incapaz de la autocrítica, también le ha llamado conservador, estereotipado, inestable, perfeccionista y sensible” (p.21);  mientras que  para Tessier (2004),  la adolescencia  “comprendida  entre los doce  y veinte años, representa un periodo que lejos de ser tranquilo es un tiempo de enfrentamiento con los otros y la conquista de sí mismo” (p. 123),  y por lo tanto requieren estrategias específicas en el proceso de enseñanza y de aprendizaje, específicamente en el proceso de evaluación.
La otra característica de la EMS está relacionada con el profesorado,  un alto porcentaje de este, no posee una formación magisterial, es decir la mayoría poseen títulos universitarios de diversas ramas del conocimiento y ejercen la docencia sin ser profesores de carrera. Dicha característica deriva la necesidad de clarificar aspectos relacionados con la evaluación educativa en particular, y en general con todas las temáticas pedagógicas. Estas dos condicionantes motivan el presente documento, en el que se pretende en un primer momento evidenciar los principales elementos que identifican la praxis evaluativa, también se han analizado las diferentes ideologías y puntos de vista que orbitan en torno a la evaluación y el aprendizaje; para finalmente revelar algunos elementos sustanciales para enriquecer las estrategias didácticas, que permitirán  evaluar adecuadamente en el contexto de la EMS.
Elementos de la praxis evaluativa.
Siendo la evaluación un proceso eminentemente arraigado al ámbito pedagógico, (aunque  es indiscutible que trascienda las fronteras de este contexto y se funde cómo una eficaz herramienta en otras áreas del conocimiento)  se hace necesario identificar cada uno de los elementos que le constituyen, y reconocer con claridad las características de sus componentes, los tipos y momentos del mismo, para resaltar sus beneficios y virtudes en el proceso de enseñanza y de aprendizaje, de un sector estudiantil caracterizado por alumnos en plena adolescencia, que demandan estrategias específicas y versátiles en el contexto  evaluatorio. Santos-Guerra (2003), considera que “es necesario utilizar la evaluación para aprender y para mejorar el aprendizaje de los alumnos, la dinámica de los centros, la formación de los profesores y la implantación de las reformas. (p. 130).
Lavilla (2011), asume que podemos definir la evaluación como “un proceso que, partiendo de unos criterios de valor dados, pretende la obtención de la información necesaria que nos permita emitir, juicios de valor y tomar las decisiones oportunas” (p.304).  Por su parte Ahumada (2005), plantea que “la evaluación consiste en un proceso sistemático para recopilar información sobre el aprendizaje del estudiante y su desempeño, con base en distintas fuentes de evidencia” (p. 41). Un concepto que resalta la importancia de la evaluación, hace referencia a que esta “posibilite, además de saber qué grado de competencias  desarrolla el alumno, el crecimiento personal desde el proyecto ético de vida, considerando el contexto y sus saberes previos, así como sus necesidades vitales, las fortalezas y los aspectos por mejorar” (Tobón, Pimienta y García-Fraile, 2010, p. 115).
También es importante preponderar que la evaluación deberá ser comprendida como…
…un proceso dinámico sistémico e integrado,  de identificación, recogida y tratamiento de datos sobre personas, ámbitos, situaciones y hechos educativos, con el objetivo de analizarlos, valorarlos y, sobre la base de la valoración realizada, facilitar la toma de las decisiones de mejora que correspondan. (Castillo, 2004, p. 443)
En suma, podemos afirmar que la evaluación educativa tiene las siguientes funciones: “facilitar el aprendizaje de los estudiantes, describir y juzgar su proceso, tomar decisiones acerca de los méritos relativos de los métodos y materiales de la instrucción, e impartir guía y consejo individualizados”. (Anderson, 2004, p. 149). El papel que juega la evaluación en este momento, se extiende absolutamente hacia todos los procesos y actores educativos. Casanova (1998), hace evidente que “los ámbitos a los que se aplica la evaluación en el campo educativo son variados, como es obvio: programas, métodos, centros, aprendizajes, etc. (p.41). Paralelamente, Lavilla (2011, p. 304) considera que “hoy, afortunadamente, el ámbito de la evaluación es mucho más amplio y se refiere a todos los elementos implicados en el proceso de enseñanza aprendizaje”.
Una vez que hemos reflexionado sobre el concepto y los fines de la evaluación,  es substancial plantear  el siguiente cuestionamiento: ¿Qué evaluar?, no tan obvia la respuesta, orienta el sentido de dicho proceso, refiriéndose a las…
 …potencialidades (conocimientos, habilidades, destrezas, valores, actitudes y virtudes), es decir los logros y avances de los estudiantes, la actuación del maestro, la selección y aplicación de las estrategias en el desarrollo del proceso de aprendizaje relacionados con la finalidad de cada componente de las áreas de aprendizaje, los pilares, los ejes integradores del currículo y el perfil del egresado. (Ministerio del Poder Popular para la Educación, 2008, p. 198)
En este sentido la misma ley federal de educación en México mediante el artículo 50, expresa que “la evaluación de los educandos comprenderá la medición en lo individual de los  conocimientos, las habilidades, las destrezas y, en general, del logro de los propósitos establecidos en los planes y programas de estudio”. ¿Qué evaluar?  Implica enfocar la evaluación hacia cuatro tipos específicos de conocimientos: Declarativos que a su vez se subdividen en factuales y conceptuales, procedimentales, estratégicos y actitudinales. Desde la perspectiva de Ahumada (2005)…
…cuando nos referimos a contenidos factuales estamos demostrando claramente una intencionalidad memorística, es decir, esperamos que el alumno haga suyo por repetición dicho contenido. Cuando se trata de un contenido de carácter conceptual, existe una intencionalidad comprensiva, ya que lo que interesa es el dominio de una determinada conceptualización. Finalmente, en el caso de los contenidos procedimentales, la intencionalidad implícita es la posibilidad de transferir los procesos aprendidos a situaciones similares. (p.60)
Los contenidos estratégicos se refieren al aprendizaje  de estrategias y los actitudinales a los valores que el alumno aprende y aprehende para reforzar y complementar  los contenidos factuales, conceptuales y procedimentales.
La segunda interrogante ¿cuándo evaluar?, describe una respuesta alineada a los tipos de evaluación: diagnóstica, formativa y sumativa; Díaz-Barriga y Hernández (2010), estiman que la evaluación diagnóstica “es aquella que se realiza previamente al desarrollo de un proceso educativo, cualquiera que este sea. También se le ha llamado evaluación predictiva” (p. 320); respecto a la evaluación formativa considera que “es la que realiza concomitantemente al proceso de enseñanza y aprendizaje, por lo que debe considerarse más que las otras, como una parte reguladora y consustancial del proceso” (p. 329); así mismo, dichos autores definen a la evaluación sumativa como “aquella que se realiza al término de un proceso a ciclo cualquiera…su fin principal consiste en verificar el grado en que las intensiones educativas han sido alcanzadas”. (p. 352). Por su parte Coll (2004, p.130), establece que “la evaluación inicial, formativa y sumativa, está plenamente integrada en el proceso educativo, es parte de él y constituye en realidad un instrumento de acción pedagógica”.
La tercera interrogante: ¿cómo evaluar? puntualiza  los momentos de la evaluación: autoevaluación, coevaluación y heteroevaluación.
Para Castillo (2004), la autoevaluación es un proceso…
… mediante el cual el alumno participa en su propia valoración a todos los niveles y en todos los ámbitos, lo que le facilita lograr un mejor conocimiento de su propia identidad personal, académica, o social, y, consecuentemente, estará en mejores condiciones de apreciar también la identidad de sus compañeros y valorar sus diferencias. (p.461)
En este mismo sentido, razonamos que la heteroevaluación es un proceso centrado en la enseñanza y en el profesor…
…esta forma de concebir la evaluación del aprendizaje de nuestros estudiantes hace hincapié en los resultados antes que en los procesos; en los rendimientos y desempeños finales más que en el manejo de determinadas estrategias y procedimientos, en consecuencia, configura una forma particular de evaluar de parte de los profesores, que a su vez repercute en las formas de aprender del estudiante. (Ahumada, 2005, p.25)
También Ahumada considera que “el nuevo discurso evaluativo apunta hacia la auto y la coevaluación, privilegiando indiscutiblemente los aprendizajes logrados por el estudiante y los procesos de aprender a aprender.” (p. 26). La coevaluación por su parte, es referida a “procesos valorativos de forma que participen en los mismos tanto aquéllos que son objeto de estimación, como otras personas no comprometidas con aquello que se evalúa”. (Gento, 1998, p.108)
Una cuarta interrogante que coadyuva a clarificar el proceso de evaluación se relaciona a: ¿con qué evaluar?,  la respuesta se asume de forma específica a los instrumentos de evaluación para Gento (1998), son el “material de uso o modo concreto de actuación que pueda ser convenientemente utilizado para la recogida, contrastación y acopio de la información precisa para conducir a la valoración propuesta, dentro de una perspectiva educativa” (p.104). Se clasifican en: Rúbricas, escalas de valoración y listas de cotejo; las primeras  también llamadas matrices de valoración son de acuerdo con Díaz-Barriga y Hernández (2010),  “guías o escalas de evaluación donde se establecen niveles progresivos de dominio o pericia relativos al desempeño que una persona muestra respecto de un proceso o producción determinada” (p.380); las escalas de valoración son aquellas “que permiten una cualificación del grado en que se manifiestan las actividades o conductas de los alumnos, que interesa evaluar” (p.327); y las listas de cotejo, de acuerdo  Gento (1998, p. 104) son las “que permiten la recolección de datos o aspectos siguiendo un listado ya establecido”
En este mismo contexto, diversos autores cómo Díaz-Barriga y Hernández (2010) y Denyer et al (2009), consideran como estrategias de evaluación las siguientes:
 1.- Formales: Proyectos, prueba práctica real, simulaciones, exámenes escritos, exámenes orales, pruebas objetivas, mapas y redes conceptuales y presentaciones orales.
2.- Semiformales: Trabajos, tareas, ejercicios y portafolios.
3.- Informales: Listas de control, diario, registro anecdótico, entrevista y exploración con preguntas.
Al reflexionar sobre los elementos de la praxis evaluativa, se hace necesario referenciar la función pedagógica y social de dicho proceso, que visto desde otra perspectiva encierra una respuesta congruente al quinto cuestionamiento: ¿Para qué evaluar? en este sentido Díaz-Barriga y Hernández (2010), establecen que la primer función “tiene que ver directamente con la comprensión, regulación y mejora de la situación de enseñanza y aprendizaje” (p. 309); es decir hace referencia a una profunda reflexión, análisis y determinación de la información que regula y define la acción pedagógica en la escuela, con la finalidad de reorientar los objetivos institucionales; respecto a la función social de la evaluación, esta “se refiere a los usos que se les da más allá de la situación de enseñanza y aprendizaje y que tienen que ver con cuestiones tales como la selección, la promoción, la certificación y la información a otros” (p. 310).
Evaluación versus aprendizaje.
En los párrafos anteriores se ha hecho especial énfasis en reorientar el concepto de evaluación, y especialmente desvincularlo de la simple medición que significa comparar, reiteramos que la evaluación no representa un acto de comparación, es un proceso complejo, Casanova (1998, p.102), establece que sus objetivos son:
1.    Detectar la situación de partida general para dar comienzo a un proceso de enseñanza y de aprendizaje.
2.      Facilitar la elaboración de la programación idónea y adecuada para los alumnos y alumnas, en función del diagnóstico.
3.      Durante la aplicación de cada unidad didáctica:
A.    Conocer las ideas previas del alumnado.
B.     Adaptar el conjunto de elementos de la unidad a la situación del grupo.
C.     Regular el proceso de enseñanza y de aprendizaje: reforzando los elementos positivos, eliminando los elementos negativos, adaptando las posibilidades a las posibilidades de cada alumno.
D.    Controlar los resultados obtenidos.
E.     Mantener los objetivos no alcanzados, incorporándolos a unidades siguientes.
4.      Confirmar o reformular la programación en función de los datos obtenidos con el desarrollo de las unidades didácticas que la imponen.
5.      Orientar a alumnado para futuros estudios o salidas profesionales.
6.      Elaborar informes descriptivos acerca del proceso de aprendizaje que se sigue a cada uno de los alumnos.
Los diferentes tipos y momentos de la evaluación están orientados al aprendizaje, más aún a aprender a aprender; Ahumada (2005), hace énfasis en “se trata de llevar al proceso de enseñanza una dosis de efectividad en el aprender de manera que el alumno pueda posteriormente evocar y utilizar las competencias adquiridas durante el proceso educativo” (p.306). Así, queda de manifiesto que si durante el proceso de evaluación, el alumno, el maestro y los demás actores educativos no construyen y reconstruyen nuevos conocimientos, esta pierde sentido.
También hay que reconsiderar que “un sistema evaluado exclusivamente por los rendimientos del alumnado y en función de las calificaciones otorgadas por los profesores, no puede ser valorado como positivo o negativo sin riesgo claro de cometer errores graves en esa valoración”  (Casanova,1998, p.42).  Por su parte Santos-Guerra (2003), resume que “analizar juntos lo que sucede con la evaluación escolar es una exigencia profesional que tiene dimensiones que trascienden el mundo de la escuela”. (p.49), esto significa que todo el proceso de evaluación es transparente y se comparte para un mejor aprendizaje, más aún tratándose de alumnos adolescentes que requieren una explicación clara del mencionado proceso.
Así para comprender mejor la relación entre evaluación y aprendizaje, debemos considerar, las cuatro condiciones básicas que ha de cumplir una buena evaluación:
1.- Útil.
2.- Factible o viable.
3.- Ética.
4.- Precisa o exacta. (Ahumada, 2005, p.306)
Santos-Guerra (2003), estima que “la evaluación condiciona el modo de aprender y, sobre todo, las relaciones y las formas de concebir la escuela y el trabajo que dentro de ellas se realiza”. (p.48). De esta forma queda de manifiesto que no podemos hablar de evaluación si no existe de por medio un aprendizaje.
Estrategias para una evaluación constructivista.
Consideramos que para diseñar una adecuada estrategia didáctica, esta se debe percibir como un crisol en donde se amalgaman diversos elementos del proceso de evaluación, de manera tal que el contexto en el que desarrollamos nuestra práctica pedagógica, en este caso las condiciones de la EMS, determine y condicione la forma en que interaccionaran dichos componentes; que se han descrito en la primera parte de este documento y que en síntesis se refieren a: los tipos (diagnóstica, formativa y sumativa), momentos (coevaluación, autoevaluación y heteroevaluación), componentes (indicadores, criterios y evidencias), estrategias (formales, informales y semiformales) e instrumentos  de evaluación (rúbricas, escalas de valoración y lista de cotejo). Considerando que “la intensión es trabajar la evaluación del proceso educativo desde la perspectiva de lo que el estudiante aprende y aprehende del mismo, más allá de los contenidos intencionalmente propuestos. (Audirac, 2011, p.98).
Casanova (1998, p. 64), considera que el profesorado de un centro puede organizar su propio modelo de evaluación definiendo:
o   Para que evaluar (Objetivos de la evaluación).
o   Qué se va a evaluar (Objeto de la evaluación)
o   Quienes participarán y de qué manera
o   Fases de la evaluación y temporalización de las mismas.
o   Metodología de la evaluación:
o   Técnicas que se utilizarán para la evaluación.
o   Elaboración o selección de los instrumentos adecuados para la recogida de datos e información final.
o   Obtención de las conclusiones finales, toma de decisiones e información a los afectados.
Otro aspecto a considerar establece, que hay que cambiar la comprensión de que lo evaluable es la cantidad de contenidos conceptuales que han adquirido los alumnos, Casanova (1998), opina que “el referente de toda evaluación son los objetivos que se deben alcanzar, y estos implicarán la adquisición de aprendizajes diversos, relacionados tanto como con los contenidos conceptuales, como con los procedimentales y actitudinales. (p. 136). En la estrategia didáctica debemos asumir a la evaluación educativa, como  “una forma de comunicación con los estudiantes y una manera de ayudar  y motivar a prender, de influir en cómo piensan, actúan y sienten, de propiciar su desarrollo humano” (Audirac, 2011, p.98).
       Cuatro factores que también deben tomarse en cuenta, en el diseño de la estrategia didáctica, y en el marco de la evaluación educativa, son propuestos por Lavilla (2011, p.305), quien establece que esta debe abarcar:
1.-Evaluación alumno en todos los aspectos de su personalidad.
2.-Evaluación del programa instructivo (objetivos, medios, materiales, etc.).
3.-Evaluación de la acción instructiva (que incluye también la acción del contexto o ambiente).
4.-Evaluación de la escuela como un todo.
A manera de conclusión podemos afirmar que la evaluación en el contexto de la EMS, representa un proceso complejo que requiere específicamente de estrategias didácticas novedosas para abordarlo en el sentido constructivista, las reflexiones sobre tal proceso y la clarificación de sus principales elementos, vertidos en el presente documento tienen la intensión de hacerlo viable y operativo. Más aún se pretende con la evaluación mejorar el proceso de enseñanza y de aprendizaje; porque “en la evaluación educativa nos interesa más la historia del proceso, que el dato del producto conseguido”. (Castillo, 2004, p. 464)
Bibliografía:
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Audirac, C. (2011). Sistematización de la práctica docente. (1ª. Ed.) México: Trillas.
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Horrocks, J. (2001). Psicología de la adolescencia (8ª ed.). México: Trillas.
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